martes, 28 de septiembre de 2010

Dinero y vida

Curiosa es la mezcla de estas dos variables: el dinero y la vida, pero lo cierto es que hoy se me han entremezclado profundamente. Desde hace mucho digo que, de no haber estudiado Ingeniería, mi otra opción habría sido Economía; aún más tras haber hecho un par de asignaturas relacionadas dentro de la Ingeniería. De hecho, en cuanto pude hice un Máster en Economía de las Telecomunicaciones que incluso me supo a poco. Y es que siempre me ha atraído el movimiento aparentemente caótico del Mercado de Valores y las finanzas en general, razón por la cual siempre me interesa leer los datos económicos que caen en mis manos.
Y lo cierto es que ¡es un lío de aupa!: infinidad de variables que provocan corrientes alcistas o bajistas de los precios, toros y osos que torear de alguna forma, especuladores fundamentalistas que influyen en el mercado, miles de términos, acrónimos, indicadores, estadísticos, ecuaciones que guían la tendencia... y tras todo eso: emociones, miedos, corazonadas y finalmente personas.
Debo decir que ya hace tiempo que me propuse intentar entender cómo funciona todo eso (sin el respaldo de una carrera de Economía, aunque no descarto algún otro estudio superior en el futuro) y hoy, hablando con una persona, me he animado a retomar ese interés que lleva tiempo funcionando a medio gas. Al menos entenderlo, no digo invertir, si bien es cierto que el "juego de la Bolsa" no es un juego más que para los incautos, tal y como el póker es un juego en que los buenos, cuando tienen buenas cartas ganan mucho y cuando tienen malas cartas pierden poco.
Pero retomando el aspecto humano de la Economía, hoy he leído muchos datos sobre inversiones y consejos, y me han llamado la atención algunos de los que he visto acerca de la riqueza, aquella riqueza real, que no es la de amasar dinero, sino la de disfrutarlo y compartirlo, la de tener una vida plena en diferentes aspectos. Y he recordado lo que justamente hace poco decía yo mismo: este año me voy a matar a estudiar, sin salir, sin hacer nada más que "lo que debo". Eso hasta este verano en el que decidí que eso ya era una página pasada y que mi vida debía pasar a un primer plano. No quiero con ello decir que no merezca la pena realizar determinados esfuerzos; obviamente, sin ciertos esfuerzos es imposible conseguir ciertos logros, pero hay que saber dónde está el punto de equilibrio entre una vida feliz y las metas que se pretenden lograr en un determinado plazo.
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