viernes, 10 de junio de 2011

Y venga crucifijos...

Ayer daban vergüenza muchas cosas de las que salían en la tele: cargas policiales contra gente que se manifestaba pacíficamente (incluso a uno de los diputados!!!), imputados en casos de corrupción tomando sus cargos con amplias sonrisas, 18.000€ en un ágape para celebrar sus recién estrenados cargos en plena crisis y en la comunidad más endeudada de España... y el presidente de las Cortes Valencianas que se cree que está en su casa y planta un crucifijo allí en medio. ¡Olé sus huevos! Estado aconfesional por los cojones... Y a jurar cargo, no prometerlo. No sé si como dice Llamazares piensan que así los jueces también van a absolver a todos los imputados, igual que dicen que hace su Dios.
Pero aunque lo parezca, mi intención no es hablar hoy de política, sino de creencias. ¿Por qué tengo que tragarme un crucifijo, una estrellita, una media luna y demás? Bueno, todo eso, aparte del crucifijo, sería si en España se tratase por igual a todas las religiones, porque me gustaría ver cómo reaccionan algunos políticos si se plantase en unas Cortes un Corán, un Buda, Shiva o el Monstruo Espaguetti Volador. Pero el caso es que me da igual, el respeto que tengo a las creencias irracionales acaba en el momento en el que tengo que ver cómo la religión lo invade todo. No tengo ningún problema en que el que quiera llene su casa de crucifijos desde el suelo hasta el techo, almacene cientos de imágenes de santos y se pase el fin de semana enterito metido en la iglesia. De verdad, ningún problema, pueden pasar la noche entera rezando, o pasar el día con un rosario en la mano dale que te pego, o llevar una camiseta como la de Kaká con el "I belong to Jesus", ponerse un hábito, un alzacuellos y llevar 7 cilicios en cada pierna. Pueden darse latigazos si así se sienten mejor y comerse una galleta con vino si creen que eso los hace mejores, pero que NO me impongan imágenes religiosas en espacios públicos (sí, esto también va por los centros escolares públicos o financiados por el Estado).
Y para colmo hoy leo esto: "El obispo prohíbe entrar a la catedral a las mujeres en camiseta de tirantes". Esto ya me lo conozco de Roma, pero pensaba que en España éramos algo más avanzados en ese sentido. ¿Alguien me puede explicar exactamente qué mal hacen los hombros de una mujer en un edificio cuya principal imagen es un hombre casi completamente desnudo en el centro? No es que piense que los curas van a tener ideas de progreso a estas alturas, pero es que resulta que la catedral es un espacio público de valor histórico (el religioso es lo de menos) que pertenece al Estado, no es como cuando no te dejan entrar al Andén por llevar zapatillas en nombre del "reservado el derecho de admisión".
Ya sé que lo fácil es pensar: "¿y qué más da? si son dos cosillas que ni van ni vienen a ninguna parte. El crucifijo no molesta a nadie y si la mujer quiere entrar a la catedral que se ponga un pañuelo encima". Pero me voy a permitir poner un ejemplo opuesto a ver si a un religioso (de los pesados del crucifijo por todas partes, no de los religiosos moderados) le da lo mismo: ¿qué tal si ponemos en las Cortes un cartelito al estilo del bus ateo: "PROBABLEMENTE DIOS NO EXISTE. DEJA DE PREOCUPARTE Y DISFRUTA DE LA VIDA"? Esto es ofensivo, ¿no? y sin embargo el cartelito hace el mismo daño que el crucifijo, es decir, ninguno... en teoría.
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